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    McCartney: vida y obra de un superviviente

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    McCartney: vida y obra de un superviviente

    Mensaje por Day Tripper Girl el Jue 29 Jul - 8:13:41

    McCartney: vida y obra de un superviviente
    Ringo Starr ha cumplido este mes 70 años. John Lennon lo habría hecho en octubre si la pistola de un tal Mark David Chapman no se hubiera cruzado en su camino en 1980. George Harrison, también muerto, tendría 67. ¿Y Paul McCartney? A sus 68 alterna actuaciones en la Casa Blanca -declara ser admirador de Obama- con campañas en defensa de los derechos de los animales y ambiciosas giras, como Up and Coming Tour: el pasado domingo tocó en Charlotte (EE UU) y tiene la agenda completa hasta el 19 de agosto; por ahora. Parece que Macca, como le llaman sus amigos, no tiene intención de colgar la guitarra. Ni su ajado bajo Höfner, tampoco.

    Sobre su espalda, McCartney carga dos importantes pesos. Por un lado, el de haber sido la cuarta parte -mitad, para algunos- de una de las grandes bandas de pop de la historia de la música: The Beatles. Por otro, el de su convulsa vida personal, plagada de tristeza, odio y frenesí, unos sentimientos que siempre han acabado dictando la composición de sus letras. No es que sea un superviviente, pero posee una "gran capacidad de recuperación" frente a la adversidad, a saber, el asesinato de su mejor amigo y compañero, la muerte por cáncer de su madre, su mujer Linda y Harrison, la ruptura y posterior carrera en solitario, etc.

    El músico encara su existencia, según su biógrafo Peter Amis Carlin, siguiendo un mantra mucho mejor que cualquiera de los que le pudo enseñar el gurú indio, Maharishi Mahesh Yogi, al que los 'fabulosos' acudían de vez en cuando para recibir consejo espiritual. Sacado del tema Hey Jude, dice: "Take a sad song and make it better" (Coge una canción triste y hazla mejor). "Si lo piensas, es una filosofía hermosa", explica el periodista norteamericano a 20 minutos. Acaba de publicar en España Paul McCartney. La biografía, libro en el que repasa la trayectoria de un personaje que, al mismo tiempo, le atrae y le "enfurece".

    Para el autor supuso un arduo "y lento" proceso el encontrar testimonios de personas cercanas a McCartney que quisieran contarle cosas íntimas sobre él. Porque del ex beatle, en primera persona, no hay nada: se trata de un volumen 'no autorizado', como se denomina en la jerga literaria. Y, de hecho, el músico ha manifestado su negativa a ojearlo, "está demasiado ocupado viviendo su vida como para leer sobre ella". El escritor cree que es "razonable". En cualquier caso, suponemos que Macca no se molestaría en demasía si echara un vistazo entre líneas: el esbozo de su persona resulta amable, a pesar de todo.

    Su pasado, un obstáculo

    Desde pequeño, y todo su entorno estaba de acuerdo, Paul resultó ser un "encantador de serpientes". Admirador de Elvis Presley y Buddy Holly, entre otros músicos, no se le daban mal los estudios y mostró un estusiasmo sano por la literatura inglesa. Su primera guitarra, a la que tuvo que realizar unos ajustes por su condición de zurdo, fue una Zenith acústica, y con ella descubrió en plena adolescencia el poder para fascinar aún más a la concurrencia. Aún hoy lo hace y, según Ames, es capaz de crear material "tan bueno" como el que sacó adelante en su etapa con The Beatles. En ese sentido, sentencia, "es brillante".

    El autor cree, no obstante, que muchas veces frena su creatividad para no "competir con su propio pasado, sus logros y su legado" musical. El fantasma de John Lennon, al que conoció cuando éste tenía 17 años -Paul contaba 15- y con el que compuso decenas de estribillos inolvidables como She loves you, Ticket to Ride o We Can Work It Out, siempre acecha desde un pequeño rincón de su memoria. Firmaban sus composiciones con la leyenda "Otra canción original de Lennon-McCartney", por ese orden, aunque a ratos la fórmula no satisficiera a Paul y aunque, en la realidad, muchos de los hits provenían del talento individual.

    El primer grupo que tuvieron en común fue The Quarrymen, del que también formó parte George Harrison. Ringo llegaría mucho después. En 1958 ya asomaron la cabeza por la puerta del famoso Club Cavern de Liverpool que, tres años después y recién llegada la banda de un tour demencial por Hamburgo (Alemania), les acogería en una de sus sesiones de mediodía siendo ya The Beatles. Era febrero; en octubre cambiaron sus cortes de pelo y vieron llegar al que sería su manager durante muchos años, Brian Epstein. Un año después firmaron su primer contrato con Parlophone, división de EMI, y el sencillo Love me do hizo el resto.

    Nada más cruzar sus miradas, la pareja Lennon-McCartney funcionó como tal. Eran como un matrimonio, "se amaban desesperadamente", explica Ames, e incluso después de su separación se hacían la vida imposible el uno al otro, tenían una profunda relación de amor-odio que les llevaba a hacer declaraciones muy duras en la prensa y al día siguiente a tocar juntos de nuevo. Como todo artista en pleno apogeo popular, debían conjugar los desafíos de su profesión con sus egos, y ahí entraban también los factores externos: las drogas, el alcohol, las mujeres... Paul, por supuesto, no fue una excepción, aunque se movía, cree el autor, en los estándares de comportamiento de la "juventud rica y famosa de su tiempo".

    Paul crecía, John se hundía

    Describe el libro a McCartney, en algunos pasajes, como una persona narcisista, controladora y, sobre todo, con una faceta muy desarrollada de relaciones públicas. Desde el principio hasta el final. Supo encajar la fama, al contrario de lo que ocurría con John, le gustaba ser el centro de atención y soportó todo lo que supuso la Beatlemanía. Entre pelea y pelea, fue de la mano con Lennon al Royal Albert Hall, al Show de Ed Sullivan durante su mediático viaje a EE UU, hicieron varias películas, conocieron a Elvis, a Brian Wilson, a Bob Dylan, etc. Pero sus caminos eran opuestos: mientras Macca se crecía cada vez más, John se hundía.

    alvaba el barco. Incluso después de su breve "descanso" en 1966 o de la muerte repentina de Epstein. Los músicos compartían demasiadas cosas, como la muerte de sus madres con sólo dos años de diferencia, hecho que traumatizó a ambos. Sus vidas irían igualmente paralelas, hasta que John murió, en lo que a infidelidades, bodas y hasta períodos compositivos se refiere. Parecía que se ponían de acuerdo, "se terminaban las frases" el uno al otro. Ellos dos solos crearon "una voz y una identidad con una inteligencia, un encanto y una musicalidad que aún hoy son pasmosos".

    En 1969 The Beatles ofrecieron su último concierto. Fue en la azotea del edificio del sello Apple, que nació dos años antes. También ese año, Paul y John se casaron con sus últimas novias, Linda Eastman y Yoko Ono; para Ames sería una "injusticia" señalarlas, tal y como han hecho las teorías conspirativas, como las causantes del desastre posterior, aunque es cierto que, precisamente, en el 69, Lennon pronunciaría una de las frases que, como mal augurio, adelanto lo que el grupo sufriría después: "Me largo". Eso incluye, por supuesto, la rumorología sobre la supuesta muerte de Paul y su sustitución por un doble, invención atribuida en la biografía a un periodista universitario de Michigan. Muchos aún lo creen, por cierto.

    McCartney pasó por una etapa depresiva en la que se sintió víctima de sus compañeros. La prensa le acusó de abandonar The Beatles y él respondió con una demanda, en 1971, contra la discográfica y algunos de ellos. Entre amagos de reunión con el grupo, decidió irse a Nueva York, buscarse otros músicos y seguir componiendo. Formó Wings, según el autor, "una de las bandas más populares de mediados de los 70" con la que Macca volvió "a la cima del mundo", aunque no se libró de las críticas iniciales que echaban por tierra su renovado estilo. Hasta 1976 no quiso tocar en directo con su banda ningún tema de The Beatles.

    La muerte de Linda

    Todo parecía que le iba bien, hasta que sufrió el mazazo del asesinato de Lennon, que recordaría desde entonces en muchas de sus letras: "We were tryin' to outdo each other", rezaba 'Tug of war en el 82; Here today estaba dedicada a él. Los años siguientes transcurrieron entre discos "piratas" -Back in the USSR-, alianzas fructíferas -Stevie Wonder, Elvis Costello, incluso Ringo y Harrison-, la compra por parte de Michael Jackson de los derechos de las primeras canciones de Lennon y McCartney al adquirir Nothern Songs y la predilección de Paul por la pintura abstracta y la música clásica. Entonces, de nuevo, la tragedia.

    En 1995, cuando la pareja ya tenía 4 hijos, le detectaron un cáncer de mama a Linda. Murió tres años después -un año antes fue nombrado caballero por la Reina Isabel II, pero Linda no pudo asistir- y Macca tuvo que ir al psicólogo para poder afrontarlo. A los tres años se fue Harrison del mismo modo. La vida personal de McCartney dio entonces un vuelco con dos acontecimientos importantes, fue abuelo por primera vez en 1999 y en 2002 se casó ante la perplejidad de todos sus seguidores y amigos con la modelo Heather Mills, que había sufrido la amputación de una de sus piernas a raíz de un accidente de tráfico. A ella se le atribuyó entonces el aspecto extraño y excesivamente cuidado de Paul, su pelo y su cara rezumaban artificialidad.

    La relación fue tormentosa, tuvieron una niña llamada Beatrice y protagonizaron en 2006 una de las separaciones más ruidosas y desagradables de los últimos tiempos, carnaza para los tabloides, que supieron aprovechar la oportunidad. Pero McCartney, consciente de que su halo llegaba mucho más allá, continuó haciendo lo que sabía, componer y tocar haciendo "horas extras para mantener su actualidad en el tercer milenio", explica Ames en su biografía. Su relación con Yoko Ono parece haberse calmado y se le ha visto con una nueva acompañante, aunque todavía, dice el escritor, vive "un poco" obsesionado con John.

    Su último disco publicado -en noviembre de 2009- es Good Evening New York City, un directo grabado en Nueva York. Del escenario todavía no se ha bajado, la música "es demasiado vital para él". Quizá, dice Ames, se vaya apartando poco a poco de esas apariciones públicas si ve sus facultades mermadas, aunque "sólo hay que ver cualquier vídeo en YouTube de una de sus recientes actuaciones para darse cuenta de que eso queda muy lejos". De hecho, la sensación de tener enfrente a miles de incondicionales escuchándole le aleja, "más que a ningún otro hombre, de la muerte". Lennon no lo hubiera expresado mejor.


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